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GOJIRA desbarató Razzmatazz a guitarrazos y berridos

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Si alguien tenía dudas si GOJIRA era una de las bandas más en forma del panorama actual, puedo afirmar que sí lo son. Pocas bandas pueden transmitir tanto placer a base de gritos, golpes de batería, efectos grabados y trastazos de bajo. GOJIRA desbarató Razzmatazz a guitarrazos y berridos.

GOJIRA es uno de los grupos que más minutos ocupa en mi tiempo de escucha de música. Desde el lejano From Mars to Sirius he ido seguido la evolución y el crecimiento de esta formación y en cada disco, con una personalidad abrumadora, consiguen ese punto diferencial por encima de otras bandas. Creo que la calidad musical, estructuras compositivas, control de tiempos y cambios de ritmo son los puntos que elevan a esta banda al punto de exquisitez y de música para oídos elitistas y exigentes. Como podéis ver, mucho aprecio les tengo así que podéis imaginar el anhelo de su death metal con tantas etiquetas como se quiera, progresivo, técnico, melódico con esos pasajes ambient.

Hago un paréntesis ante tanta alabanza a la tarde, porque es inadmisible que una sala como Razzmatazz que se supone es la sala de los grandes conciertos no sea capaz de mantener una temperatura acondicionada para mantener en un estado salubre a las cercanas 1000 personas. Saunatazz no sobrepasó el listón en cuanto a condiciones se refiere, auditivamente sí superó el examen.

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Pero antes de los franceses teníamos unos invitados locales que también pueden presumir de técnica y compenetración MOONLOOP. Esta banda ya de cierta andadura se presentó ante la sala con ya buen aspecto para ofrecer su death metal progresivo y su psicodelia. Certero uso de las guitarras plomizas y pesadas para crear episodios de tensión y agonía acompasado de la granítica voz gutural.

Cuatro integrantes compenetrados que disfrutaron de cerca de 45 minutos para demostrar de los que son capaces y su técnica refinada de alta cocina. Dejaron temas de sus trabajos ya editados y ¡Sorpresa! Tendremos álbum en breve. Calidad, austeridad y clara definición sobre las tablas en la mediana de la calurosa Razzmatazz. Por las ovaciones finales, gustó y mucho.

Despedida de Moonloop y cambio de grupo. Otra de las cosas que no entiendo es, porqué si esta todo montado, los grupos se hacen esperar para salir, llegando a generar cierta ansiedad transformada en críticos silbidos. Pues así, 15 minutos observado el equipo de Gojira bajo la tenue luz que iluminaba el escenario y sudando. A las 21:45 aparecían los hermanos Duplantier y sus dos compañeros para aleccionarnos en lo que es eso de hacer e interpretar música.

Y sin más dilación, un apasionante y rugoso tema de su trabajo From Mars to Sirius, Ocean Planet. Siguieron, del mismo lanzamiento, The Haviest Matter of the Universe y Backbone, solo interrumpidos por The Axe del último álbum. Este tema rápido con un implacable baterista. Mucha parte de la grandeza de este grupo se la carga Mario Duplantier en sus baquetas. Derroche de energía sin fin, velocidad, ritmo y simetría que empuja al resto como un propulsor.

Sin apenas descanso continuó el colosal concierto con la densa y apelmazada Love de su primer trabajo para dar paso a una de las grandes y abanderadas, L’Enfant Sauvage.  Desde mi posición tenía una visión de bastante parte de la sala y solo veía cabezas en espasmódicos e incontrolados movimientos. Resoplidos en señal de tal ciclópea actuación y gestos de asentimiento por la descarga del tema cabecera de la última producción. Siguieron los temas hasta llegar al solo de batería que no hace más que afirmar la enorme labor de acoplo del batería.

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Reaparición del resto refrescados, mientras nosotros nos asábamos por la no ventilación. Toxic Garbage Island la elegida para el reinicio seguida del inicio a medio tiempo de Flying Whales para enganchar con Wisdom Comes donde se anunciaba que era la última.

No gustó esta noticia y el reclamo constante hizo volver a los galos a coger los instrumentos y darnos más de su música. La intro de Orobus para el reinicio y Vacuity. Despedida con The Gift of the Guilt donde una vez más se demuestra el control de las pausas y cambios de ritmo.

En definitiva, preguntad a los asistentes si fue un gran concierto. Para un servidor, siempre es una complacencia asistir a un concierto de Gojira que bien merece la pena trasnochar en día laboral a sabiendas del implacable despertador del día siguiente. Inmenso concierto en el que, temperatura a parte, se dieron muchas características para serlo: muy bien sonido, juego de luces a veces penumbra y a veces estallido bien estudiado y acompasado, músicos en plena forma y gente con ganas de concierto. En definitiva, mucho se tendrán que esforzar las visitas post-verano para hacer olvidar a ésta.

Queremos agradecer a On The Road Music el acceso a la sala.

(Texto y Fotos: Miquel Raga)

 

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