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Crónica de MIKE FARRIS en la sala Bikini de Barcelona

Crónica de MIKE FARRIS en la sala Bikini de Barcelona

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MIKE FARRIS.  09/06/2016.  SALA BIKINI.

Estamos de enhorabuena, el señor Mike Farris, esta vez sí acompañado por la impresionante The Roseland Rhythm Revue al completo, visitó el pasado jueves la Ciudad Condal con la escusa de presentar en directo, en la sala Bikini, su última obra, “Shine for All the People” del año 2014.

Era su primer concierto en la península desde que lo hiciera, bajo este mismo formato, en el año 2010 y la verdad es que la ocasión se merece una celebración más que especial.

Muy raras son las ocasiones en las que se puede disfrutar de un artista rodeado de una banda tan numerosa y que aglutina tanta calidad como la que Mike Farris lleva actualmente consigo.

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Pero antes de hablar de la actuación en sí, vamos a refrescar un poco la memoria hablando de la vida y milagros del personaje que nos ocupa.

Nacido en 1968 en Winchester, Tennessee, EEUU, el bueno de Mr. Farris no tuvo lo que se suele llamar una fácil adolescencia.

Tras la separación de sus padres, cuando contaba con tan sólo once años, la vida de Mike dio un tumbo total y, en un drástico cambio de rumbo, viró 180 grados para encaminarse hacia derroteros nada deseables.

Sus desenfrenadas adicciones a las drogas y al alcohol están cerca de empujarle a dar ese último y fatídico paso que significa cruzar la siempre imperceptible y delgada línea que separa la vida de la muerte y casi logra acabar con su vida, estando a punto de morir cuando todavía no contaba con 21 años, gracias a una prácticamente letal sobredosis.

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Sus primeros pinitos en el negocio de la música se producen cuando a principios de 1990 formara en Nashville la mítica banda de culto Screamin’ Cheetah Wheelies, una banda que practicaba un más que atrayente Southern y Blues-Rock.

Por circunstancias del negocio y la industria musical la banda no obtuvo el éxito que sin duda y sobradamente merecían y, al contrario que por ejemplo The Black Crowes, tras unos más que destacables cuatro discos, entre los que cabría resaltar “Magnolia” del año 1996 y ese magnífico directo “Live Vol. 1 and 2” del 2000, el destino puso fin a una aventura que sin duda no debería haberse visto abortada o truncada de tan subrepticia e inmerecida manera.

Pero como la vida sigue y haciendo caso a todos aquellos que dicen que no hay mal que por bien no venga, nuestro hombre, lejos de acabar de hundirse en el lodo o acabar de nuevo ahogado en el pozo de sus propias miserias, pareció resucitar de entre sus propias cenizas y, cual Ave Fenix, logró levantar de nuevo un vuelo que de momento, si no vuelven a torcerse las cosas, parece tener cuerda para rato.

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Su carrera en solitario, variando notablemente su música hacia esos sonidos más de inspiración Soul, Blues e incluso Gospel que tan bien parecen encajar con las peculiares connotaciones de su voz, dio comienzo de manera titubeante con “Goodnight Sun” en el 2002.

Pero sería tras éste y su conversión a la práctica del cristianismo, dejando definitivamente a un lado y rechazando hasta la fecha esos viejos vicios adquiridos que tanto lastraban su enorme e infinito potencial, cuando su carrera logro definitivamente impulsarse consiguiendo que su proyección y méritos obtuvieran de una vez por todas el general reconocimiento de un público que en cierta manera siempre estuvo a su lado.

“Salvation in Lights” de 2007, “Shout! Live” de 2008, “Live From Westlake Studio B” del 2009, el EP “The Night the Cumberland Came Alive” de 2010, realizado para recaudar fondos para las víctimas de las inundaciones en Nashville de ese mismo año, y el ultimo y postrero “Shine For All The People” del 2014 han sido el espaldarazo definitivo, premio Grammy incluido, a una siempre brillante trayectoria que ya desde sus primeros inicios hubiese debido gozar de la fama y éxito que actualmente ostenta y disfruta.

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Letras y composiciones inspiradas en el Gospel, Soul, Blues, la Americana y el Southern que emanan los suficientes efluvios capaces de evocar en nuestros más profundos adentros los más auténticos y atemporales sonidos del lejano y profundo sur de Norteamérica.

Como ya hemos dicho, todo un personaje.

El espectáculo que Mr. Farris venía presentando para esta gira bautizada con el nombre de “An evening with Mike Farris and The Roseland Rhythm Revue” constaba y se dividía en dos partes de 70 minutos cada una de ellas, separadas por un largo descanso de 20 minutos más, donde en teoría iba a darnos la oportunidad, con set acústico incluido, de deleitarnos con los mejores temas de su carrera en solitario, con las canciones más famosas de su época en Screamin’ Cheetah Wheelies y con una serie de versiones de los clásicos de los géneros que él suele cultivar.

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Pero lamentablemente esto no fue así, en su visita a la península las canciones de su primera banda no tuvieron cabida y, aunque creo que un concierto suyo nunca puede defraudar, es posible que los muchos acérrimos incondicionales de esa inicial y añorada etapa, entre los que tengo el placer de encontrarme, no quedaran del todo satisfechos.

Aunque en mi caso, como podréis deducir y ver a continuación, las circunstancias hicieron que esto para nada fuese así.

Rodeado de una eficaz e impresionante banda compuesta, además de la impagable figura de su líder a la voz, guitarras y armónica, por otra guitarra, bajo, batería, teclados y dos coristas, capaces de levantar a un muerto con solo intuir sus voces, comenzaba lo que a la postre resultarían casi dos horas y media de un espectacular show.

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“Precious Lord, Take my Hand” y “Can’t no Grave Hold my Body Down”, ambas de “Salvation in Lights” de 2007, fueron las elegidas para, a ritmo de gospel primero y de funk después, abrir la gala y mostrarnos, ya desde las primeras estrofas, a un Mike Farris vocalmente pletórico y perfecto.

Quedaba claro por su actitud que había venido con la encomiable intención de pasárselo y hacer que lo pasáramos bien todos los allí reunidos.

El show continuó magistralmente con dos excelentes covers, “Jonah & The Whale” de J. B. Lenoir, que aparece en su disco a “Shine for All the People”, y el soul “25 Miles” de Edwin Starr que sabia y convenientemente arreglado acabo convirtiéndose en un celebradísimo “Jumpin’ Jack Flash” de The Rolling Stones.

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“The Lord Will Make a Way Somehow”, de su último larga duración, dio paso a otras dos fantásticas versiones, a saber cual mejor adaptada e interpretada, de los famosos “I Never Loved a Man”, soul de la inconmensurable Aretha Franklin maravillosa y emotivamente cantada por el torrente de voz de Cristina Raé, una de sus coristas, y “Take Me ( I’ll Take You There )” de Staple Singers, que aparece en su Lp “Salvations in Lights”.

Para poner el punto y aparte, que no final, a esta primera parte del show sonaron una escalofriante versión de la últimamente resucitada por una multitud de artistas y siempre entrañable “Purple Rain”, como no podía ser de otra forma como homenaje al recientemente fallecido Prince, y “Signed, Sealed, Delivered I’m Yours” del gran Stevie Wonder.

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Entre una gigantesca y ensordecedora ola de aplausos y el flagrante calor de un respetable, que evidentemente quería mucho más de un Mike Farris claramente satisfecho con lo hasta ahora vivido, se despidieron, como estaba previsto, para reponer fuerzas en sus camerinos y regresar con los ánimos renovados.

Los excitados y acalorados rostros y el rumor que invadía llenando por completo la sala con los complacidos comentarios de los presentes presagiaban un aún más impresionante segundo set.

Tras aproximadamente el descanso estipulado, 20 minutos, salió a escena un solitario y misterioso Mike, ataviado con su inseparable sombrero y únicamente en compañía de una Fender Stratocaster negra, solicitando que el público guardase silencio.

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Silencio ?

Tan sólo un par acordes fueron suficiente para que los más avispados reconocieran que trataba de obsequiarnos con una peculiar y acústica versión del archiconocido “Stand By Me” de Ben E. King aunque posteriormente ésta acabaría mágicamente mutando para terminar convirtiéndose en la Dylaniana “Knockin’ On Heavens Door”, en “Uptight” de Stevie Wonder y en “Three little birds” y “No Woman, No Cry” de Bob Marley.

Toda un gozada !!!  Estoy seguro de que los intérpretes originales de estas canciones se sentirían muy orgullosos del resultado y de que una voz tan tremenda como la de Mike Farris las haya elegido para incluirlas en su selecto repertorio, inmortalizándolas, si cabe, todavía un poco más.

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Fue después, al confesar y reconocer ante la audiencia su pasión por Malcolm Young, de quien llevaba puesta una camiseta y, según sus propias palabras, era el auténtico “heartbeat” del Rock & Roll, y mofarse de la actual presencia de Axl Rose en AC/DC, no estuvo nada mal su satírica imitación, cuando, víctimas de una cruel falsa alarma, resucitaron nuestras ya olvidadas esperanzas y nuestros corazoncitos dieron un vuelco y empezaron a latir descontroladamente esperando lo que lamentablemente no sucedió, ver rockear de nuevo a Mike y que sonara alguna canción de Screamin’ Cheetah Wheelies.

De nuevo con la banda al completo sobre el escenario, sonaron “Power of Love”, de su más reciente obra, y ésta dio paso a otra versión, la del siempre poderoso y  reconstituyente “Pride and Joy”, del gran y también desaparecido guitarrista y cantante Stevie Ray Vaughan.

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Las aportaciones de sus acompañantes, especialmente destacaríamos las desempeñadas por ambas coristas, por el teclista y por el guitarra, la base rítmica aunque brillante normalmente suele pasar más desapercibida excepto para los especialistas en esos instrumentos, eran realmente notables y espectaculares.

Y llegó el momento estelar de la noche, al menos para mi persona, en el cual Mike hizo un alto para dirigirse e invitar a colaborar con él a todo el numeroso grupo de fotógrafos que estaban, situados a su izquierda, representando a los diferentes medios que cubrían el evento.

No se en que debía estar yo pensando pero, al no haber prestado atención alguna a sus palabras y creer que con sus ademanes lo que pretendía era que alguno de nosotros le cediera una cámara para realizar unas fotografías al público, le presté la mía, la guardo junto a la batería y en unos instantes, al insistir en llamarme, apenas sé como pero aparecí, como por arte de magia, sobre el escenario.

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El objetivo real de Mike era, como después supe, que participásemos en su show, pero al parecer el único incauto que mordió el anzuelo, sin contar con la espontánea que de pronto apareció a mi lado y que parecía estar encantada de sumarse a la fiesta, fui yo.

No tuve más alternativa que prestarme a sus designios pero, ahora que lo veo con los ánimos menos exaltados y con frialdad necesaria para digerir el mal trago que pasé en esos momentos, estoy seguro que estos fugaces y escuetos instantes, intentando bailar y cantar el “Proud Mary” de Creedence Clearwater Revival compartiendo el escenario junto a un personaje de sus características mientras Kim Mont, la otra corista, cantaba y se encarga de emular a la siempre inigualable Tina Turner, van a permanecer siempre vívidos e imborrables en mi memoria.

Y si no ya se ocuparan mis amigos, colegas y conocidos, como de hecho ya se han encargado de hacer, de recordármelo cuando mejor estimen oportuno.

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Anécdotas aparte, el show debía proseguir, y aunque el resto de fotógrafos casualmente había desaparecido como si la tierra hubiera tenido a bien tragárselos como recompensa a su solidaridad, a continuación y para finalizar esta segunda parte sonaron un extenso y antológico “Selah! Selah!”, de su segundo álbum en solitario, y “This Little Light”, de su último, otra vez a modo de Medley.

Pero faltaba el bis, en este caso Mike estimó que uno era suficiente, y en él tuvimos la oportunidad de disfrutar de dos excelentes versiones más, “Everyday People” de Sly and The Family Stone y “Hold On I’m Coming” de Sam and Dave fueron las encargadas cerrar un magnífico y  excelso espectáculo.

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Con todo el mundo más que satisfecho, opino que tanto los asistentes como la banda pusieron su granito de arena para que esto fuese así, se encendieron las luces e impactados nos dispusimos a abandonar la sala Bikini, creo que en sus anales debería aparecer en mayúsculas esta enorme descarga, teniendo la absoluta seguridad de que para una inmensa mayoría de nosotros dio comienzo lo que esperamos sea una corta cuenta atrás ansiando el regreso de Mike Farris.

Felicidades a On The Road Music, la promotora, por haber hecho realidad muchos sueños y habernos hecho que nos sintiéramos inmensamente gratificados al pasar unas horas tan inolvidables.

Uno de los pocos cantantes que sin ningún esfuerzo es capaz de erizar nuestro vello, Soberbio !!!

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SETLIST:

Part I:

Precious Lord, Take my Hand / Can’t no Grave Hold my Body Down / Jonah & The Whale / 25 Miles – Jumpin’ Jack Flash /  The Lord Will Make a Way Somehow / I Never Loved a Man / Take Me ( I’ll Take You There / Purple Rain / Signed, Sealed, Delivered I’m Yours /

Part II:

Stand By Me – Knockin’ On Heavens Door – Uptight – Three little birds – No Woman, No Cry / Power of Love / Pride and Joy / Proud Mary / Selah ! Selah ! / This Little Light / Everyday People / Hold On I’m Coming

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Enlace a la galería de fotos:

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Texto y fotos: José A. Serrano

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