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Crónica del concierto de ROYAL HUNT en Barcelona

Crónica del concierto de ROYAL HUNT en Barcelona.

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El sábado 19 de marzo de 2016, de la mano de RM Concert, pudimos asistir al concierto de Royal Hunt, en la sala [2] de Apolo, Barcelona. La banda danesa liderada por el único miembro fundador André Andersen, virtuoso de las teclas, venía a presentar su más que correcto último trabajo Devil’s Dozen.

Una de las cosas que más me sorprendió es que hubiera público infantil, y cuando digo público infantil me refiero a esos dos niños de unos 9 y 12 años que estuvieron en primera fila. Es de suponer que sus padres son unos fieles seguidores de Royal Hunt, lo que no es de extrañar porque se trata de un grupo con increíbles composiciones y armonías ya desde su larga duración de debut Land of Broken Hearts, de 1992. Lo que sí es de extrañar es la poca afluencia de público para una banda del nivel de Royal Hunt. Y es que la sala apenas se llenó, con cerca de una ochentena de personas; hecho que incluso desde la organización lamentaron aduciendo que había tres o más bolos simultáneamente esa misma noche.

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Dejando de lado la asistencia de público, en esta ocasión no hubo ningún grupo invitado. Royal Hunt entraron en escena pasadas poco más las 20.30 h. Iniciaron la actuación con la instrumental Martial Arts a modo de intro, en la que Andersen salió con un keytar. Tras posicionarse en los teclados situados en la parte posterior del escenario, se dio paso al primero de los clásicos River of Pain, momento en que el cantante de origen estadounidense D.C. Cooper apareció en el escenario. D.C. Cooper demostró estar en un excelente estado vocal y ya desde los primeros instantes se hizo más que evidente su complicidad con todos los miembros de la banda y también con el público, con quien repartió saludos en múltiples ocasiones.

A continuación nos deleitaron con One Minute Left to Live, Army of Slaves, Lies y Wasted Time, en las que Jonas Larsen a la guitarra, Andreas Passmark al bajo y Allan Sorensen a los parches dieron muestra de su maestría, cada uno en su disciplina. Si bien la música inundaba la sala, los efectos de luminotecnia aportaron esa magia única de los directos con los clásicos focos estáticos del techo y la ayuda de las nuevas luces móviles tipo spot situadas en el suelo con las que se conseguían efectos estroboscópicos a la vez que dividían el escenario en dos partes: la frontal para la guitarra, la voz y el bajo, y la posterior para la batería y los teclados.

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Acordándose de los dos menores de edad, D.C. Cooper prometió no usar palabrotas (I won’t swear tonight) en sus interactuaciones con el público para introducir el siguiente tema: Heart on a Platter, primer tema en sonar de su último trabajo. Otra magnífica canción vino a continuación, Flight, que fue acogida con gran entusiasmo para seguir con May You Never y Until the Day, también de Devil’s Frozen.

Por el tiempo transcurrido era inevitable pensar que el concierto estaba llegando a su final, y así fue. En estos momentos en que músicos y público estábamos fusionados en perfecta simbiosis viviendo una magnífica experiencia, Royal Hunt dio paso a Half Past Loneliness. Me sorprendió el uso de un sampler de piano para introducir el último tema del setlist, Message to God, cuando André Andersen lo podría haber suplido sin ningún problema.

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La banda abandonó el escenario para reaparecer al cabo de un par de minutos tras la insistencia del público que reclamaba su presencia de nuevo. Ofrecieron un bis de dos temas, Stranded y A Life to Die For, tema en que participó activamente el público coreándolo y que se convirtió, esta vez sí, en el último de la noche. Eran las 22 h cuando los cinco integrantes de Royal Hunt abandonaban el escenario.

Un concierto más que notable en que Royal Hunt demostró ser una máquina bien engrasada y en el que apenas hubo deficiencias en el audio. La única nota negativa fue el número tan reducido de asistentes para una banda que, en otras circunstancias, seguro que habría llenado la sala.

(Texto: Carles Veiret / Fotos: Enric Minguillón)

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